No todas las bodas necesitan lo mismo.
Y la de Borja y Silvia fue exactamente como tenía que ser.
Una ceremonia civil, sencilla, muy suya. Sin más vueltas. Con lo importante en el centro y sin nada que sobrara.
Desde el principio hubo muy buena conexión entre nosotros, de esas que hacen que todo fluya sin esfuerzo. Y se nota. En cómo se mueven, en cómo se miran… en lo fácil que es acompañarles sin tener que dirigir demasiado.
Después de la ceremonia, nos fuimos al Palacio del Infantado. Un sitio que siempre aporta, pero que ese día encajaba especialmente bien con ellos. Paseamos, hicimos fotos sin prisa y dejamos que todo fuera pasando.
Una boda diferente, sí.
Pero también muy clara, muy natural… y muy bien vivida.

